10 de diciembre de 2010

La locura me cura


Cuando me amé de verdad comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que esto tiene un nombre: autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que esto es: autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera
diferente y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento.
Esto se llama: madurez
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir cómo es de ofensivo
tratar de forzar alguna situación o persona, sólo para realizar aquello que yo deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona no está preparada,
o inclusive yo...
Hoy sé que esto es: respeto.
Cuando me amé de verdad comencé a librarme de todo lo que no fuese saludabe: personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo.
De incio mi razón me llamó egoísta.
Hoy sé que se llama: amor propio.
Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi ritmo.
Hoy lo llamo: simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y con eso, erré menos veces.
Hoy descubrí la humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece.
Hoy vivo un único día a la vez.
Hoy eso se llama: plenitud.
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo  la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene una gran y valiosa aliada: Yo.

                                                                                                                                     Charles Chaplin

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