18 de noviembre de 2010

Después de la tempestad...

                                                      ... siempre llega la calma.

 Supongo que a veces puede estar justificado el agobiarse  ante situaciones que nos presionan o nos estresan. Supongo también, que el que más o el que menos, alguna vez se ha ahogado en un vaso de agua. Supongo que alguna vez este vaso se colmó con una sola gota.
Y entonces,  dejó de llorar.


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