30 de abril de 2010

Alfombras

Cientos de tiendas y puestos ambulantes que aprovechaban cualquier punto, arból u otro recurso que la propia ciudad les daba para instalarse. 
Productos de artesanía, marquetería y joyería era lo que más abundaba, así como 
tiendecillas de cientos de especias y productos de la tierra que ni conocía.
Los feriantes te invitaban a comprar, tocar, oler, y sobre todo, eran muchos los que simplemente te invitaban a entrar para ganar tu confianza contándote historias o todo lo que tu curiosidad quisiese preguntar.

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