30 de abril de 2010

Menta para el olor

No sin un ramillete de menta, hubiese aguantado allí.... A la entrada de la curtiduría, un amable hombre que se ofrece a guiarnos (no sin pedir después su propina correspondiente) nos da también (ya incluído en el pack guía-menta)  unas ramitas de mentas para ir acercándolas a la nariz y así poder soportar 
aquel fatal olor que inundaba toda la zona.
No hay forma ni palabras capaces de expresar lo que sentí mientras paseaba la zona.
Cualquier olor a mierda, hubiese sido mejor. 
Era prácticamente imposible pasarlo por alto, aún no separando la menta de la nariz. 
Era obvio quiénes trabajaban y vivían allí y quiénes sólo estábamos de paso.

0 comentarios:

Publicar un comentario