30 de abril de 2010

Curiosas personalidades del Morocco


Creo que se trataba del "poli bueno" de Marrkech. Me resultó divertido ver cómo se paraba en medio de la trasncurrida  plaza, la cual parece no tener una ley de circulanción más que "el que llega 1º es el que pasa",
y que además de ir saludando a los vecinos con gran sonrisa, pedía la documentación a coches de caballos, motos, y demás componentes del singular tráfico rodado de la Jamaa el Fna.

Singular  customización 
de motos me fui encontrando durante todo el viaje. No pude conseguir una buena foto
de la común imagen que se repetía una y otra vez de motos cargadas de familias numerosas.
Pequeñas motos que transportaban desde al propio piloto, pasando por mujer y varios hijos
además del cochecito del niño, paquetes compra o venta, etc...


En Jamaa el Fna, llegada la tarde, los feriantes de comida luchaban por llamar la atención de los turistas que éramos vistos como auténticos euros con patas.  Se afaenaban en cantar, gritar y aplaudir a los que se acercaban a su puesto. Eran muchos los que venían a ti para ofrecer su menú por tan sólo unos diharms. 
Era sorprendente la capacidad para cambiar el registro de lo que decían, todo un maratón de la simpatía para poder atraerte tanto si eras español, como francés, italiano, lugareño, etc. Cualquier recurso era válido. 
Cientos de puestos que se confundían entre el humo de las cocinas que preparaban platos típicos del lugar
así como patatas chips, brochetas, pescados, caracoles, etc.




Mientras esperaba el bus de vuelta al aeropuerto, no pude reprimir las ganas de fotografiar esta escena. 
Un mestizaje de formas, personas y sus pensamientos que formaban parte de la misma cola
esperado el autobús AlsaCity rumbo otra parte.



 
En un jardín cerca de la playa de Essaouira, un gato jugaba a perseguir una tortuga. 
Cuanto menos, gracioso.
Cantidad de gatos se confundían entres los pies de los transeúntes, coches, motos, carros, burros, etc.
Animal adorado por sus gentes, al contrario que los perros, era un habitante más de la ciudad.
En una ocasión, un feriante que me vio sacar una foto a un gato que dormía sobre una moto Yamaha,
se acercó a mí y me llevó dentro de su tienda para enseñarme una caja de cartón con no sé cuántos gatitos recién nacidos que se mezclaban entre sí. Pregunté al chico si los vendía y con su respuesta entendí que
mi pregunta era una ofensa. No se venden.



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